lunes, 21 de noviembre de 2011

Léelo a partir de las doce pequeño esquimal.
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Hoy quiero decirte, mi futuro compañero de viajes, de aventuras, de excursiones al abismo, que en mi poca amueblada cabeza hoy sólo había espacio para ti.
Quiero decirte, mi futuro compañero, que tu ayuda será bien recibida en lo que dure nuestro camino. Pienso ofrecerte parte de mi saco de dormir, mi cariño y mi comprensión. En los días de sequía compartiré mi cantimplora y nunca dejaré que te caigas. Cuando tengas un mal sueño te abrazaré fuerte y te susurraré al oído cosas dulces, de esas que sólo los enamorados son capaces de pronunciar. Será un viaje inolvidable, lleno de momentos suspendidos en el viento.  Momentos que vendrán cuando nos golpeen en la cara y que se irán sobre las huellas de nuestros pasos. Tan sólo asegurarte que no será monótono. Prometo jugar contigo todos los días, improvisando con el cambio de paisaje. Si me canso espérame, que siempre querré seguir andando. Y por último, quiero decirte que quiero que me salgan ampollas de tanto que correré junto a ti y, sé que no estamos en camino, pero estoy haciendo la mochila.
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Besar, acariciar y mimar a un "adulto".

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pequeño vaivén de gilipolleces varias

Era un día oscuro, a la par que triste y frío. En la calle bailaban las hojas en el viento y un pequeño perro hacía sus necesidades en la acera de enfrente. Todo era silencio, tan sólo se oía el chispear de la madera   siendo calcinada por el fuego en el fondo de la chimenea. Yo vagaba a veces círculos, a veces en línea recta, por el área donde el calor era más intenso de la habitación. En un ir y venir de ideas fabricadas al azar en mi mente, me vino un pensamiento indeseado. Era el futuro, que a veces a mí tanto me importa. Pensaba en una anciana sentada frente a la chimenea junto a un hombre de rostro poco más arrugado y periódico en la mano. No logré identificar la cara del anciano, si es que le conozco. Otra vaga escena también hizo presencia en mi mente. Esta vez era una mujer madura, unos 45 años aproximadamente. Parecía coqueta y entre sus labios rojos habitaba una copa de vino tinto manchada con carmín. Esta mujer parecía feliz, aunque algo en su mirada la delataba. Como cuando ves a una persona después de llorar, ese reflejo de la tristeza estaba presente en sus ojos, pero tan sólo en sus ojos. Imágenes del estilo desbordaban en mi mente hasta que en un momento frágil, me digné a girar la cara hacia la derecha. El fuego se había consumido por completo y la madera no había sido calcinada del todo. Entonces comprendí que detrás de cada imagen, no existía ninguna realidad completa. Que detrás de todo aquello sólo había posibles referencias o imágenes ya vistas por mí anteriormente y que podían ser fruto de mi deseo. Todo ello provenía del miedo, un miedo absurdo al futuro lejano. Sólo así, deambulando frente a la chimenea, comprendí que lo único que debía temer era al presente, que ya es suficiente.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

last words.

Dime que no es verdad. Dímelo. Será como antes, te lo prometo pero, tan sólo ten el valor de decírmelo.
Una vez vez bastará si te acercas a mi oído. Una vez bastaría si me lo dijeses alto y claro, como si estuviera a millas de distancia. Ser valiente no es tu mejor cualidad y lo comprendo. Tampoco eres impulsivo, sólo déjate llevar por tus emociones. Repito, dilo. Dime que no es verdad o no saldré  de la espiral. Será como antes, te lo prometo pero, tan sólo ten el valor de decírmelo. No me hagas repetir que una vez bastaría si te acercas a mi oído. Que sólo una vez en alto y claro. Me estoy mareando. Se cierra la espiral. Nadie es valiente.