jueves, 5 de enero de 2012

Me gusta evadirme de la realidad, sumergirme en la cabeza y dejarme llevar por la imaginación del ser humano. Acariciar las hojas húmedas de rocío mientras ando casi empujada por el viento y cerrar los ojos. La gente piensa que estoy chiflada cuando salgo por la calle. A veces parece que murmuro, otras que hablo sóla. Sí, soy consciente de ello, pero ¿y qué? Pueden ser más de 15 minutos los que me lleven a mi destino. 15 minutos, ¿que hago en esos 15 minutos?  Soñar e imaginarme conversaciones o cualquier chorrada que se atreva a pasar por mi mente en esos instantes. Son frágiles y fugaces que olvidaré con el paso lento del reloj de agujas. A veces sigo los pasos que me imagino en mi cabeza pero no obtengo el resultado idealizado. Son momentos, tan sólo momentos en los que sufro una gran decepción. Momentos en los que pienso para mí solita y sin que nadie me vea mover los labios: Martita, baja de la nube.

sábado, 3 de diciembre de 2011

set y partido para Homer

El frío se adueña de mi cuerpo y  no consigo echarlo. Todo lo que me rodea es frío y no tengo a nadie que pueda cederme calor. El frío es señor y maestro, el frío es jefe y poseedor de un mundo. Pronto levanta sus manos y acaricia el viento sin ningún temor, nunca sentirá el hedor de la muerte. Ay, pobres incautos que hoy no me creen, ¡pobres víctimas de futuras sensaciones!. Corred insensatos, corred. Yo no soy quién para juzgaros pero soy y seré la mejor consejera, la mejor pastora. Rebaño de ovejas blancas blancas, tornad  en un color oscuro y seguidme. Así sólo conseguiréis ser otro grano de arena en la playa, otro ladrillo en el muro. Y puede que ahora no entendáis mi propósito, puede que intentando buscarle el sentido os perdais en un mundo fantástico, que lleguéis a al abismo de la sinrazón y de la intolerancia a la lactosa. Humanos, la raza odiada por su creadora la madre Tierra. Por supuesto que se creen dueños y señores. Los humanos son frío y yo soy la llama que escapa. Perdón.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Léelo a partir de las doce pequeño esquimal.
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Hoy quiero decirte, mi futuro compañero de viajes, de aventuras, de excursiones al abismo, que en mi poca amueblada cabeza hoy sólo había espacio para ti.
Quiero decirte, mi futuro compañero, que tu ayuda será bien recibida en lo que dure nuestro camino. Pienso ofrecerte parte de mi saco de dormir, mi cariño y mi comprensión. En los días de sequía compartiré mi cantimplora y nunca dejaré que te caigas. Cuando tengas un mal sueño te abrazaré fuerte y te susurraré al oído cosas dulces, de esas que sólo los enamorados son capaces de pronunciar. Será un viaje inolvidable, lleno de momentos suspendidos en el viento.  Momentos que vendrán cuando nos golpeen en la cara y que se irán sobre las huellas de nuestros pasos. Tan sólo asegurarte que no será monótono. Prometo jugar contigo todos los días, improvisando con el cambio de paisaje. Si me canso espérame, que siempre querré seguir andando. Y por último, quiero decirte que quiero que me salgan ampollas de tanto que correré junto a ti y, sé que no estamos en camino, pero estoy haciendo la mochila.
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Besar, acariciar y mimar a un "adulto".

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pequeño vaivén de gilipolleces varias

Era un día oscuro, a la par que triste y frío. En la calle bailaban las hojas en el viento y un pequeño perro hacía sus necesidades en la acera de enfrente. Todo era silencio, tan sólo se oía el chispear de la madera   siendo calcinada por el fuego en el fondo de la chimenea. Yo vagaba a veces círculos, a veces en línea recta, por el área donde el calor era más intenso de la habitación. En un ir y venir de ideas fabricadas al azar en mi mente, me vino un pensamiento indeseado. Era el futuro, que a veces a mí tanto me importa. Pensaba en una anciana sentada frente a la chimenea junto a un hombre de rostro poco más arrugado y periódico en la mano. No logré identificar la cara del anciano, si es que le conozco. Otra vaga escena también hizo presencia en mi mente. Esta vez era una mujer madura, unos 45 años aproximadamente. Parecía coqueta y entre sus labios rojos habitaba una copa de vino tinto manchada con carmín. Esta mujer parecía feliz, aunque algo en su mirada la delataba. Como cuando ves a una persona después de llorar, ese reflejo de la tristeza estaba presente en sus ojos, pero tan sólo en sus ojos. Imágenes del estilo desbordaban en mi mente hasta que en un momento frágil, me digné a girar la cara hacia la derecha. El fuego se había consumido por completo y la madera no había sido calcinada del todo. Entonces comprendí que detrás de cada imagen, no existía ninguna realidad completa. Que detrás de todo aquello sólo había posibles referencias o imágenes ya vistas por mí anteriormente y que podían ser fruto de mi deseo. Todo ello provenía del miedo, un miedo absurdo al futuro lejano. Sólo así, deambulando frente a la chimenea, comprendí que lo único que debía temer era al presente, que ya es suficiente.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

last words.

Dime que no es verdad. Dímelo. Será como antes, te lo prometo pero, tan sólo ten el valor de decírmelo.
Una vez vez bastará si te acercas a mi oído. Una vez bastaría si me lo dijeses alto y claro, como si estuviera a millas de distancia. Ser valiente no es tu mejor cualidad y lo comprendo. Tampoco eres impulsivo, sólo déjate llevar por tus emociones. Repito, dilo. Dime que no es verdad o no saldré  de la espiral. Será como antes, te lo prometo pero, tan sólo ten el valor de decírmelo. No me hagas repetir que una vez bastaría si te acercas a mi oído. Que sólo una vez en alto y claro. Me estoy mareando. Se cierra la espiral. Nadie es valiente.

lunes, 31 de octubre de 2011

Foggy

Un pequeño paraíso se escondía entre el cielo y la Tierra.













Yo lo encontré entre él y la niebla.



lunes, 17 de octubre de 2011

Otoño y mariposas te han venido a buscar

Era un día nucblado típico de Otoño. La temperatura era ligeramente baja y empezaba a ver vestimentas típicas de esta estación. Bufandas rayadas de colores cálidos y gorros de lana resaltaban en el gentío. Yo me encontraba sentada en un banco cualquiera, a una hora sin importancia. El murmullo de la muchedumbre empezaba a resultarme molesto, pero allí estaba, admirando el alboroto vespertino en la calle. De pronto, apareció una niña de pálido rostro y mirada penetrante. Me sonrió. Quise inmortalizar aquel momento con alguna cámara y que me quedase esa imagen paralizada en el tiempo. Desgraciadamente, en lo que tarda un pájaro en emprender vuelo, la niña de gentil sonrisa desapareció entre la multitud, dejándome con un halo triste en la mirada. Entonces comprendí que sólo deseaba la inocencia que reflejaba aquella niña. Que lo único que implicaba una necesidad en mí, era fruto de mi ansío casi increíble por volver a la infancia. 
Estamos en el año 2011, y dudo que yo pueda volver a tener esa mirada.