jueves, 5 de enero de 2012

Me gusta evadirme de la realidad, sumergirme en la cabeza y dejarme llevar por la imaginación del ser humano. Acariciar las hojas húmedas de rocío mientras ando casi empujada por el viento y cerrar los ojos. La gente piensa que estoy chiflada cuando salgo por la calle. A veces parece que murmuro, otras que hablo sóla. Sí, soy consciente de ello, pero ¿y qué? Pueden ser más de 15 minutos los que me lleven a mi destino. 15 minutos, ¿que hago en esos 15 minutos?  Soñar e imaginarme conversaciones o cualquier chorrada que se atreva a pasar por mi mente en esos instantes. Son frágiles y fugaces que olvidaré con el paso lento del reloj de agujas. A veces sigo los pasos que me imagino en mi cabeza pero no obtengo el resultado idealizado. Son momentos, tan sólo momentos en los que sufro una gran decepción. Momentos en los que pienso para mí solita y sin que nadie me vea mover los labios: Martita, baja de la nube.

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