miércoles, 7 de septiembre de 2011


Tuve miedo, sí, lo tuve.
Lo pensaba y me frustraba. Cursimente hablando hablaba del amor, de lo que podía llegar a sentir y me negaba a hacerlo. Antes no podía llegar a nada sólo con pensar en depender tanto de una persona y metafóricamente convertirte en su cigarro. Miedo a que el tiempo te consuma, a ser sus lentas caladas y temor a que cuando te haya dado por finalizado te ponga bajo sus pies y te aplaste. Miedo al propio miedo y sentirse objeto de "placer" de usar y tirar. Imaginar tu vida entre sus dedos, que depende de sus movimientos. Hace ya algún tiempo que no me preocupa porque después te das cuenta de que no es así. Mas bien lo definiría como una vela. Por una parte la vela, que sóla es perfumada y decorativa; por otra parte la llama, que es hechizante y luminosa. Juntas se consumen a la vez y no tienen un trágico final. Se acaba la vela, se consume la llama. O directamente puede ser una de estas velas de cumpleaños que se usan para gastar bromas, que por mucho que soples, no se consumen y quedan intactas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario