Hoy me senté frente a mi ordenador, como de costumbre, pero fue diferente. Una pequeña y escurridiza lágrima se abría paso en mi mejilla derecha. Bajé el rostro, puede que avergonzada de mí misma. ¿Es un engaño o me estaré volviendo loca? Pensaba. Para empezar expliaré el por qué de esta situación.
Esta noche soñé, no una pesadilla, pero tampoco algo bueno. Eran dudas, todo tipo de dudas. Dudas existenciales, sentimentales, emocionales...dudas, repito, es lo que eran. En esos momentos volvieron a mí esas sensaciones de anoche y de repente la angustia, personificada en un escalofrío, me recorrió todo el cuerpo. No fui capaz de articular palabra, mis sentimientos se hicieorn rompecabezas y no fui capaz de encajar las piezas. Encogí las manos con fuerza imaginando que tenía el conrazón entre ellas y me dirigí a mi habitación, desordenada como siempre. ¿A caso tenía alguna relevancia que me pusiese así? Es más, ¿le importa a alguien? Él me dijo que sí, y puede que, todavía algo indecisa, me hiciese sonreír.
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